Alba

Que allí nació, de alguna manera, la Italia moderna. Dicen. El caso es que Alba es una ciudad simpática, agradable, que ha acogido notables propuestas culturales y las ha desarrollado como si en ello le fuera la vida. La primera vez que Saramago y yo fuimos a Alba sería el año 1987. Era el Premio Grizanne de Cavour (que tal mal final ha tenido) y recuerdo la alegría de la gente, los jóvenes que votaban al premiado, los profesores que los pastoreaban, los escritores y, sobre todo, recuerdo al maestro Oreste Macrí, que me pidió que leyera un poema de Lorca bajo los muros del Castillo histórico y a las cinco de la tarde. Oreste Macrí había traducido toda la poesía del siglo XX, era el gran hispanista italiano, un sabio que recibía un homenaje y que quiso hablar con la palabras de un poeta que ya no estaba pero al que se le iba a dar voz. La suya, suave y lenta, un Lorca en italiano con sonaba más dulce de lo que nunca Federico pudiera soñar, la mía, desgarrada, porque hacía 50 años que lo asesinaron y hay cosas que ni se olvidan ni se perdonan y tiene que notarse. Pero eso fue la primera vez que estuvimos en Alba, ahora se trata de hablar de la segunda, este sábado 10 de octubre, y en el Teatro Sociale “G Busca”.

Dos salas de teatro llenas. La histórica, que se comunica por el escenario con la nueva, una fórmula que antes no había visto, las dos hubo que abrirlas ante la cantidad de gente que había esperando, así que a Saramago y a Antonio Scurati no les quedó otro remedio que hablar de espaldas a una, a la histórica, más pequeña, porque las luces y los micrófonos no permitían movimientos. Sólo el actor que leyó fragmentos de El Cuaderno, Fabrizio Pagella pudo situarse a un lado de la mesa y hablar para las dos salas. Y hablaron de todo, más de política, más de Italia, de la pobre Italia. Y de Berlusconi, ante los representantes de Forza Italia, que no se inmutaron ante las calificaciones, o descalificaciones, de la mesa o publico. Que estaba ansioso por oír que a veces las murallas caen, basta que se les cerque y los ciudadanos conscientes rían a carcajadas del ridículo terrible que hace quien no gobierna ni por el bien común ni por la lógica. “Belusconi es el único italiano que contradice a Berlusconi”, dijo alguien. No será el único, pero desde luego es el único que lo hace en las televisiones italianas. A los demás, no los dejan. Italia, Italia…

Salimos de Alba con Barolos y miel. Pena no habernos podido quedar a la cena: había tartufos geniales. Dicen que en Alba se dan los mejores y que es la época. Habrá que volver, que un tartufo vale el viaje. Y si es preparado con amistad y esmero, vale la vida.

Gracias amigos, de todas maneras.

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