Formentor sin Saramago

fjsJosé Saramago sí ha estado en Formentor. Me arrogo el derecho de imaginar que así ha sido para no alborotarme con el desencanto de una ausencia que si bien no ha sido anunciada, sí ha sido presentida desde que una nota de agencia lanzaba al mundo la suspensión “por causas de salud”, es decir, por falta de salud, seamos precisos, de su conferencia sobre Verdi en Bilbao; charla que debía tener lugar dos días después de su coreada presencia en las Converses literàries a Formentor. ¡Cómo para no sospechar. Da igual, porque el hombre alto que conocí unos cuantos años atrás sí ha estado en Formentor como han estado autores como Jaime Gil de Biedma, Ángel González y unos otros más.
Si los escritores del siglo XXI debaten, hacen soliloquios, circunloquios sobre la virtualidad frente a a realidad, sobre si más allá de la chata existencia es posible erigir otras vidas o, por el contrario, si la mejor vida se da a través de una pantalla, reclamo mi derecho a saltarme la visibilidad e instalarme en otro terreno. No sé si huele, si suena, si habla. O todo a la vez. 
Hoy he hablado con José Saramago, al pie de una escalinata, a espaldas del famoso pino, porque ni a él ni a mí nos gustan los tópicos. Nos escuchaba un gatazo negro y el pequeño Carles, que tiraba de su paciente madre, mientras su padre hacía fotos de otros escritores. 
Hemos charlado de la enfermedad, de la muerte que él aguarda con naturalidad, de Pilar, del amor, de Portugal, del sempiterno amor/odio que se da entre Portugal y España que ha convertido al primero en ciudadano de tercera, y al segundo de primera, ja, ja, ja. Como no tengo suficiente dinero para viajar en primera, me quedo en Azinhaga, me voy a Lisboa. José Saramago, que nace de un error, me cuenta historias que huelen a hierba e intercala versos de Homero. Hablamos de facebook y se ríe José. Aún no nos hemos adjuntado, pero todo se andará. 
Mientras unos escritores que dicen estar en Formentor y llamarse Juan Goytisolo o Carme Riera, o Eduardo Jordá o Santiago Roncagliolo, o Llucia Ramis o Patricio Pron pasean sus presencias, Saramago y yo hablamos, a veces callamos. Es en el silencio donde se cuela el gato negro que con su elocuencia, nos devuelve a esta realidad que unos llaman literatura. Y nosotros, vida.

Lourdes Durán, Diário de Mallorca 

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