Haiti

SORPRENDENTE AYUDA MÉDICA CUBANA, RECONOCE CNN

El reporte de Steve Kastenbaum, CNN, desde Haití, titulado: “A working hospital in Haiti”

En sus informes para la CNN en inglés, el corresponsal Steve Kastenbaum reconoció el trabajo del hospital organizado por los cubanos, “que ofrece atención médica de calidad para las víctimas del terremoto de Haití”.

“Hay muy pocos lugares donde los haitianos pueden acudir cuando están en necesidad de atención médica urgente en el centro de la ciudad. Sin embargo, nos encontramos con uno: el Hospital La Paz, administrado por personal médico cubano aquí en Haití junto a equipos de España y América Latina”, dice.

“Y es algo sorprendente de ver. Están dando atención médica de calidad a las personas gravemente heridas, con un promedio de seis a siete mil pacientes diarios y cirugías varias docenas al día. Tienen tres salas que no paran y trabajan durante toda la vuelta del reloj, 24×7, y es uno de los poquísimos lugares en toda la ciudad donde los haitianos puedan ir a tratar sus dolencias con una expectativa razonable para sobrevivir”, añade.

“Hemos visto tantas lesiones traumáticas allí. No sé cuántas amputaciones hemos visto, fracturas compuestas, heridas traumáticas en la carne. Sin embargo, estos equipos médicos, abrumados por la urgencia, encontraron maneras de cuidar a todos ellos, a pesar de ser por momentos críticos las provisiones de puntos de sutura, oxígeno, anestésicos y el agua, que necesitan para todas estas cosas. Ellos suplen las carencias con el suministro que llega, de España o de la Isla. Toda la atención se está ofreciendo de una manera muy ordenada “.

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Haití: un desafio internacional

Carlos Fuentes

Miro una foto de una tristeza, dolor, crueldad y violencia inmensas: un hombre toma del pie el cadáver de un niño y lo arroja al aire. El cuerpo va a dar a la montaña de cadáveres -decenas de millares en una población de 10 millones-. Saldo terrible del terremoto en Haití. Mais

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Perante o caos no Haiti:

Os cidadão lançam as suas propostas

Porque a terra é coisa de todos, cidadãos particulares propõem saídas para esta crise que arrasou um país e cerceou vidas e projectos pessoais. As iniciativas que se seguem vão dirigidas aos governos e, sobretudo, à direcção das Nações Unidas. A Fundação José Saramago abre aqui, com o texto enviado por um professor espanhol, um lugar para receber propostas que serão reenviadas imediatamente às instâncias nacionais e internacionais correspondentes.

Propuestas de emergencia para Haití

Teniendo en cuenta que entre un 30 y un 50% de las viviendas se han destruido y que Puerto Príncipe tiene casi dos millones de habitantes, hay que levantar en tiempo record un campamento que albergue al menos a medio millon de habitantes. Hospitales de campaña con capacidad para más de 10.000 personas en régimen hospitalario, consultorios de campaña para atender a decenas de miles de personas diariamente. La única organización que puede tener capacidad para ello, es ACNUR, que depende de la ONU.

-Para garantizar la distribución y la seguridad, sería necesario la llegada masiva de los cascos azules, con los que colaboraría la escasa policía haitiana.

-La gestión administrativa tiene que correr a cargo de una instancia dependiente de Naciones Unidas y lo que quede del Estado haitiano. El presidente de Haití (que debe regresar al país) tiene que otorgarle legitimidad y firmar los decretos correspondientes.

-El apoyo logístico y solidario de los diferentes países tiene que dejarse coordinar por dicha instancia de crisis. Los barcos hospitales y de apoyo logístico que acudieron a la guerra del Golfo, entre ellos los que envió el Gobierno español, tienen que acudir a Haití y ponerse al servicio de dicha instancia de crisis.

-Si el entierro de los fallecidos, la distribución del agua, alimentos, control de epidemias, atención médica, hospitalización, etc. no se hace con orden, es de temer lo peor. Y la ayuda ciudadana servirá de poco.

Menos Cuba y algún otro país, parece que todos tienen más preocupación por salvagurdar la vida y la seguridad de sus conciudadanos que otra cosa. Por eso me parece fundamental que sean la ONU y ACNUR quien coordinen las tareas. Zapatero, desde la presidencia de la UE podría llevar la propuesta.

Mientras, proseguiremos con lo poco que podemos hacer.

No se han contado los muertos, ni los heridos, ni los desaparecidos en Haití. Se habla de pillaje, y tal vez sea desesperación, la necesidad de conseguir agua, algo que comer, algo en lo que sentarse o acostar a un niño.

Naciones Unidas no ha demostrado la eficacia que de esa organización todos esperamos. No ha asumido el mando en Haití con la capacidad con la que otros invaden países con fines bélicos. No se ha producido el desembarco de cascos azules necesario ni un gobierno provisional e internacional se ha hecho cargo de la gestión de la tragedia.

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Faixa de Gaza recolhe ajuda para vítimas de terremoto no Haiti

“As pessoas podem ficar surpresas com nossa capacidade de recolher doações de nossa gente. Esta é uma campanha humanitária, nosso povo ama a paz e a vida”, disse à agência Jamal Al-Khudary, chefe do comitê contra o bloqueio israelense à Faixa de Gaza.

 

O escritor Uruguaio Eduardo Galeano, autor, entre outros títulos, de “As veias abertas da América” escreveu sobre o Haiti e a sua história. Para conhecer melhor o país sofredor que hoje é o centro da dor do mundo.

Haití: La maldición blanca

Eduardo Galeano

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide. Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? –El anterior. –Pues, que se restablezca. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.

Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.

La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.

Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.

Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

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Especial no El País sobre o terramoto no Haiti

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