Hoja de Sala de la exposición “La simiente y los frutos”

JOSÉ SARAMAGO. LA SIMIENTE Y LOS FRUTOS

Si el hombre no es capaz de organizar la economía mundial en orden a satisfacer la necesidad de una humanidad que se está muriendo de hambre y de todo, ¿qué humanidad es ésta? Nosotros, que nos llenamos la boca con la palabra humanidad, creo que todavía no hemos llegado a eso, no somos seres humanos. Quizá llegaremos un día a serlo, pero no lo somos, nos queda muchísimo. El espectáculo del mundo lo tenemos ahí y es algo escalofriante. Vivimos al lado de todo lo que es negativo como si no tuviera ninguna importancia, la banalización del horror, la banalización de la violencia, de la muerte, sobre todo si es la muerte de otros, claro. […] Y mientras no se despierte la conciencia de la gente esto seguirá igual. Porque mucho de lo que se hace, se hace para mantenernos a todos en la abulia, en la carencia de voluntad, para disminuir nuestra capacidad de intervención cívica.

Canarias7, Las Palmas, 20 de fevereiro de 1994 [Entrevista de Esperanza Pamplona]

En la obra literaria de José Saramago (Azinhaga, 1922), se conjuga la literatura más exigente y personal con las interrogaciones más fecundas. Autor tardío, pero de formación dilatada al calor de letras escritas y de lecturas, supo construir, a partir de la década de los ochenta, una literatura renovadora y original, que le supuso, en 1998, el primer Premio Nobel concedido a un escritor en lengua portuguesa. Denso e irónico, inteligente y escéptico, tierno y sarcástico, demoledor y pertinaz en sus críticas, practicó, a lo largo de su producción narrativa, tanto la desmitificación de la Historia convencional como la censura activa de los desvíos contemporáneos, tomando siempre como referencia la esencia humana de la vida, la solidaridad, la compasión, el respeto al otro y la relatividad del punto de vista. Armado de un autor-narrador fuerte, que invade el espectro de su narrativa, defendía que la obra es el novelista, al tiempo que subrayó una literatura construida a partir de ideas fuertes, de audaces metáforas visionarias e ilustradas, de una deslumbrante fabulación y de una conciencia incómoda que quiso y supo anudar su destino al turbulento latido del corazón del mundo contemporáneo, permanentemente desnudado y cuestionado.

Saramago que nunca ocultó su militancia comunista proyectó mundialmente su trabajo y su figura pública, acentuando su perfil de intervención civil en defensa de la libertad, los derechos humanos y la inclusión social, alentado por valores e ideales susceptibles de construir otra realidad más justa, más humana. Esta actitud engagée le sirvió para recuperar, con energía y solvencia, el papel del intelectual inconformista, involucrado en las cuestiones palpitantes y los debates de su tiempo, aportando ángulos de visión heterodoxos, refutando el orden aceptado mayoritariamente y reclamando una ética individual y colectiva que fijase como prioridad el ser humano, su dignidad, por encima de cualquier otra jerarquía discriminatoria o cualquier otro interés de poder o económico. Saramago desarrolló, pues, con intensidad sus responsabilidades cívicas en la calle, con el deseo de poner al ciudadano a la misma altura del escritor, tal y como él mismo expresaría: “Tengo mucho cuidado con no convertir mis novelas en panfletos, pese a que sea marxista y comunista de carnet. Yo poseo unas ideas y no separo el escritor del ciudadano, de mis preocupaciones. Yo creo que los escritores debemos volver a la calle, y ocupar de nuevo el espacio que antes teníamos y ahora ocupan la radio, la prensa o la televisión. Hay, además, que fomentar el humanismo, el conocimiento de que miles y miles de personas no se pueden acercar al desarrollo”.

La Provincia, Las Palmas, 3 de março de 1994 [Entrevista de Javier Duran]

Polémico, pesimista confeso, brillante, activista e incómodo, la perspectiva de su dilatada vida ofrece el balance de un trabajo literario amplio y pertinaz, en el que el cultivo de la novela convivió con el teatro, la poesía, las crónicas periodísticas y el memorialismo. La exposición José Saramago. A semente e os frutos, da cuenta, en síntesis, de esa dedicación mostrando cómo el príncipe de la literatura que fue Saramago hunde sus raíces en el obrero de las letras que, con su minucioso y metódico trabajo, en momentos difíciles de su vida los arduos y oscuros años cuarenta, cincuenta y sesenta de Portugal, sentó las bases del brillo futuro. La muestra, que aglutina numerosos manuscritos, documentos, primeras ediciones y centenares de traducciones a más de 40 lenguas, propone un recorrido tanto por la producción literaria de Saramago como por sus contextos ideológicos y sociales.

La concepción expositiva de José Saramago. A semente e os frutos incorpora recursos audiovisuales puestos al servicio de contenidos específicos que abren las puertas al denso y rico mundo saramaguiano. El discurso expositivo ofrece la posibilidad de acercarse a las claves del escritor mediante diversas puertas de entrada, de modo que cada visitante tenga a su alcance la oportunidad de construir su propia opción de recorrido, en función de sus intereses a la hora de adentrarse en un universo literario e intelectual tan amplio y sugerente como polifacético.

A nossa grande tarefa está em conseguirmo-nos tornar mais humanos. Marx e Engels, num livro intitulado A Sagrada Família, têm uma frase que é essencial pôr em prática: «Se o homem é formado pelas circunstâncias, então é preciso formar as circunstâncias humanamente.»

José Saramago, 1999

Fernando Gómez Aguilera

Curador de la exposición “A semente e os frutos”

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