Italia, Italia

Diario del viaje de presentación de el cuaderno

Pilar del Río

Sí, Italia, Italia, el país que tanto amamos, el que soñábamos por su modernidad y por su patrimonio, por su capacidad para inventar un futuro que intuíamos magnífico desde las dictaduras de Portugal y España, ésas que no acababan nunca y a todos nos hacían grises y pacatos mientas una dolce vita, o grito de liberación nos llegaba desde Roma, o Milán, o Turín, desde a literatura, el cine, la música, el diseño, la política… Ah, la política, qué tiempos aquellos en que los poetas se unían a los representantes ciudadanos en los estadios y todos juntos celebraban a los mejores y cantaban “Bandera rossa, sí, sí, sí”, cuando nosotros, en la Península Ibérica íbamos por la calle con la cabeza baja, mirando a un lado y a otro, casi sin intuir que la libertad podía ser asociarse políticamente, o tener un sindicato, o quizá ver “El último tango en París” sin tener que cruzar fronteras…  Italia nos llamaba a voces y todos queríamos ser italianos porque había vida saltando de balcón en balcón, de propuesta en propuesta, en la sociedad civil y entre los maestros que leíamos con avidez porque siempre nos enseñaban.

No es a esta Italia a la que ahora vamos. El país se ha transformado, vota mayorías que Italo Calvino o Einaudi nunca podrían entender, ni Pasolini, ni Visconti, ni Sciascia, ni Fellini, ni Moravia, ni Elsa Morante, ni Mastroianni, ni Luigi Nono, ni Feltrinelli ni tantos otros que amamos todos los días. Vamos a una Italia que frenó un nuevo renacimiento para dar paso a un mercado sin mayor gloria. Pero también vamos a una Italia que se rebela a este destino de mercaderes y de, oh emoción, canciones cantadas en barcos en los que se ofrece prefabricado el sentimiento con unos gorgoritos y unas carnes frías servidas sin entusiasmo, porque ya me dirán…

Hay una Italia que bulle, que piensa, que actúa. No aparece en los medios de comunicación, porque los medios tienen dueño, justo el señor que canta las canciones con un pañuelo de pirata en los barcos del supuesto amor. Esa otra Italia, la de verdad, no la de plástico, no se le siente tanto, no es la evidencia gloriosa de hace unos años, pero está ahí, y también tiene nombres que respetamos y amamos y nos enseñan.  A esta Italia vamos, por esta Italia vamos a pasar y en ella, una vez más, reencontraremos lo mejor del ser humano. Hablo de los lectores que no renuncian, de los escritores que siguen pauta morales, de Eco, de Magris, de Camilleri, de Fo, de Saviano, de Nani Moretti, de Del Giudice, de Flores d’Arcais, de Tabucchi, hablo de Rita Levi-Montalcini y de tantos profesores y amigos que combatieron el fascismo y ahora se desesperan sin ceder ante esta pobre situación que se ha apoderado de Italia y de la voluntad de tanta gente.

A esta Italia vamos y desde las vivencias de cada día iré mandando crónicas, experiencias y observaciones. La vida girará alrededor de un libro, pero como ese libro contiene el mundo y en el mundo se presenta, serán crónicas abiertas y universales. Y prometo que, aunque apresuradas, serán escritas poniendo en ellas el corazón. Que es un elemento fundamental aunque se olvida mucho en el periodismo.

 

09/10/09

El Viaje

Los viajeros románticos llegaban a Italia en barco o en fatigosos coches de caballos o en no menos fatigosos trenes, ahora se llega también por avión, medio rápido y limpio de desplazarse, dicen. Salvo cuando se atraviesa una zona de turbulencias que dura todo el trayecto… Ahí se llega a ansíar el fatigoso coche de caballos, con su polvo, sus curvas y el olor a caballo, bendito sea. Pero bien está lo que bien acaba y llegamos a Turín, primera escala de viaje a Italia, donde un Giancarlo Depretis esperaba  como amigo junto a los amigos de la editorial. Y a partir de ese instante Turín se ofreció, como siempre. Aunque fuera de noche, no hubiera gente en la calle y ni siquiera supiera que unos viajeros acababan de llegar con un libro bajo el brazo, que es, de todas las herramientas, una de las certeras. Tal vez un día haya  que poner carteles en las casa, o que los lleven las personas, que digan “atención, esa casa – o persona- lleva libros dentro”. Que quiere decir “ojo, es menos manipulable, esa persona piensa y contrasta, dialoga” No sé si ese será el proyecto de sociedad que nos han preparado los que nos quieren dóciles y sumisos.

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