“José Saramago. Um retrato apaixonado”, de Baptista-Bastos, editado em Itália

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Lo humano desde el corazón de la tierra

Prólogo de Pilar del Río

No hablaré del contenido de este libro: el lector juzgará por sí mismo, tiene materia por delante para penetrar en el corazón de una conversación que tuvo lugar hace algunos años en Lanzarote, tal vez porque allí, caminando por entre volcanes y viendo islas que se asoman al mar con decisión, estos dos hombres se sintieron más cerca del origen de todo, de la tierra que nos acoge y de la amistad que nos dignifica, elementos ambos fundamentales de la vida porque sin ellos ni seríamos ni sentiríamos: que cuente cada cual su experiencia y así quedará claro que sin pisar la tierra perderíamos consistencia y sin la amistad nos faltaría la savia que alimenta. A nosotros mismos, al humano entorno que generamos y queremos hacer cada día más grande y luminoso.

Los dos hombres que se pusieron a hablar de la vida en Lanzarote eran dos sabios. Juntos habían recorrido parte de un siglo convulso, el XX, juntos crecieron hasta ser tan altos que fueron capaces de divisar perspectivas que otros ni intuían. Eran, son, dos hombres que suman.

Baptista Bastos y Saramago se conocieron en la militancia política contra la dictadura salazarista que abarcó casi medio siglo en Portugal. De aquellos tiempos les queda la repugnancia que sienten ante todos los autoritarismos, se presenten vestidos de marcas exclusivas o con uniforme militar. La arbitrariedad, que es una perversión de la razón, para ellos también era un insulto inadmisible, por eso siempre se opusieron a los juegos del poder, esos tan deleznables que acaban confundiendo a sociedades enteras hasta el punto de ya no saber si van o vienen, si los valores de la Revolución Francesa –Libertad, Igualdad, Fraternidad- siguen siendo vigentes o son una página de una historia mal contada. Baptista Bastos y Saramago, hijos ambos de la Ilustración, herederos de la mejor tradición, la que coloca al ser humano en el centro de todas las cosas, reivindican estos valores, a los que añaden otros, logros de nuestro tiempo que si es verdad que hizo guerras también declaró Derechos Universales, imprescindible, sin duda alguna, en el proceso de humanización que atravesamos. Porque los conversadores saben bien que el desarrollo no se ha completado, que no somos enteramente humanos, que damos pasos hacia delante y también, a veces, retrocedemos, por eso es tan importante hablar del mundo con seriedad y rigor, desde el corazón de la tierra, tal vez desde Lanzarote, para seguir avanzando hasta ese día, levantado y principal, en que por tener todos espacio, casa y libertad podamos decir, sin mentir, sin cinismo, ahora sí, ahora ya somos seres humanos. Será el día en que viendo, por fin veamos.

Y hablan los amigos con sensatez y con belleza. Son escritores, utilizan la palabra para explicar el mundo, pero también para añadirle la pincelada que necesita y tantos echamos de menos. Las crónicas y las novelas de Baptista Bastos deslumbran por la eficacia de su construcción, la rotundidad de sus metáforas, la inteligencia de las conclusiones, la sensualidad de las palabras. Para estos dos hombres nada en el mundo carece de importancia, salvo el poder, que no resiste análisis aunque se mantenga merced a elementos coercitivos. Saramago y Baptista Bastos van a las fuentes, conocen los clásicos, ponen nombre a las cosas, las revitalizan, las llenan de la dulce ternura del conocimiento. Y nos ofrecen reflexiones como si fuera pan caliente, alimento para el espíritu, esa fuerza que está dentro de nosotros y que cuando la descubrimos nos percatamos de que somos más grandes de lo que creíamos y sabemos más de lo que pensábamos. Sí, a conclusiones así se llega leyendo el diálogo ininterrumpido de dos portugueses que nunca bajaron la cabeza, salvo para besar, que es expresión del mejor sentimiento y un gesto universal.

Ellos son, Baptista Bastos y Saramago, voces de la resistencia, del 25 de Abril portugués, de la democracia que cada día necesita una palabra para consolidarse. Dos sabios paseando entre volcanes, viendo islas y tendiendo puentes. O rompiendo amarras con cuanto de feo y malsano pretende mantenernos unidos a una concepción de la vida caduca y sin alma que repudiamos. Dos hombres de ética frente a frente. O mejor dicho, juntos. Hablando sin pretensiones y, sin embargo, creando un mundo donde cabemos todos. ¿Se le puede pedir algo más a un libro?

José Saramago ya no está, murió en junio de 2010. Armando Baptista Bastos continúa viviendo por dos, por tantos que se fueron y él los asume como un deber moral. También por quienes reclamamos su análisis brillante, su palabra cargada de futuro, su incuestionable valor cívico, la sensualidad de su voz y la inteligencia de su mirada. Este es un libro de Baptista Bastos con Saramago de fondo. Es un libro de la mejor humanidad.

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Saramago: «Fare di ogni
cittadino un politico»
(L’Unitá)

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Saramago a Firenze,
per ricordarlo con un libro
(Il Reporter)

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