La mirada de Angelopoulos

Era un hombre lúcido. Conocía su cultura y su tierra, le tomaba el pulso a su tiempo y estaba triste, desesperanzado. Cuando el 22 de septiembre fue a Barcelona a recoger el Premio Terenci Moix nos impresionó a los miembros del jurado por la amargura con la que hablaba de Grecia, del caos económico en que se encontraba sumido su país, que siendo milenario y potente había tocando fondo por motivos que no lograba entender. Ni los económicos ni los políticos. Textualmente dijo “Grecia está en la sala de espera de la nada. La crisis de Grecia es la de Europa. No es economía, es política y melancolía”. Añadió que no sabía si al regresar de Barcelona tendría todavía país, o habría sido directamente intervenido y tomado por cualquier maniobra financiera-especulativa-política. Usaba el humor sarcástico para defenderse. Porque Theo Angelopoulos trabajó en su cultura, que es universal, rodó “La mirada de Ulises” o “Alejandro Magno” entre tantas obras maestras, como “La eternidad y un día” por poner un ejemplo más, era una persona consciente que no podría ser, y no lo era, indiferente a la desolación y al caos griego. Era un ser sufriente por su país y no se tomaba la molestia de disimularlo. Ni de señalar las políticas neoliberales como el origen de la crisis y los malos gobiernos como los cómplices de la ruina. En Barcelona habló de Grecia, pero también habló del mundo. Un ser humano lúcido en nuestro tiempo es un ser humano apesadumbrado. Aunque personalmente no tuviera problemas, los tenían quienes le rodeaba y eso le hacía perder el sueño. Ahora Theo Angelopoulos no está con nosotros, una moto, una vulgar moto acabó con su vida. O no: la sensibilidad de su mirada, que iba más lejos, sigue prendida en las miradas de quienes amamos su cine y compartimos su temor de que la ética haya sido expulsada de los organismos que mandan e imponen reglas salvajes en todo el universo.

La Grecia que inventó la Democracia hoy está de luto. Y con los griegos, muchas personas en el mundo entero.

Ha muerto otro hombre que daba personalidad a su tiempo.

Al pesar general por la muerte de este creador se une la Fundación José Saramago. Sin los muros de contención que son los grandes pensadores otros, desde la sociedad civil, tendremos que redoblar esfuerzos para evitar que el vacío avance hasta hacerse amo de conciencias y países.

Más información:
El País

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