Nada puede con el valor de Haidar

Haidar no se apeó del aparato con el primer grupo. “Le dije a la azafata que no era marroquí aunque viajase, por razones prácticas, con un pasaporte de ese país”, recordaba hace dos semanas en Madrid. La más célebre activista saharaui pasó el control policial en El Aaiún, pero al rellenar la ficha de entrada escribió que su país de residencia era el Sáhara Occidental y no Marruecos. Otros independentistas suelen hacer lo mismo. El policía marroquí puso gesto de disgusto, señaló que “ese país no existe”, tachó las dos palabras y escribió por encima: Marruecos. Después le franqueó la entrada.

Tres años después, el 13 de noviembre pasado, Haidar volvió a hacer lo mismo a su llegada a El Aaiún de regreso de un viaje a Nueva York, Madrid y Las Palmas. Pero esta vez no coló. Permaneció detenida 24 horas en el mismo aeropuerto antes de ser despojada de su pasaporte marroquí -que obtuvo en 2006 gracias a las gestiones de Amnistía Internacional y del Departamento de Estado- y expulsada a Lanzarote en un vuelo de Canarias Aeronáutica. El discurso del rey Mohamed VI del 6 de noviembre exigiendo contundencia con los “adversarios de la integridad territorial” de Marruecos explica el cambio de actitud.

Pese a carecer de la documentación adecuada la policía española la obligó en Lanzarote a entrar en España so pretexto de que disponía de una tarjeta de residente que ni siquiera tuvo que mostrar. Le fue concedida en 2006 para que pudiera ser atendida de sus dolencias en el hospital madrileño de La Paz. Nada más desembarcar intentó coger un vuelo de regreso a El Aaiún, pero la policía le advirtió que su tarjeta no bastaba esta vez para un viaje internacional. En la madrugada del lunes decidió ponerse en huelga de hambre en la misma terminal aeroportuaria para poder volver a su ciudad.

Haidar, de 42 años, tiene experiencia en huelgas de hambre. La última, de 50 días de duración, la hizo en 2005 cuando cumplía una condena de siete meses en la Cárcel Negra de El Aaiún. No sirvió para nada. Pese a todo, rememora esa época con cierta satisfacción: “Pudimos introducir una cámara oculta en el penal y enseñar al mundo las condiciones de encarcelamiento de los militantes saharauis”. Las fotos fueron colgadas en Internet.

De su anterior etapa detrás de los barrotes guarda recuerdos mucho peores. Apenas acabado el bachillerato, Haidar fue detenida en 1987 tras intentar acercarse, junto con otras 700 personas, a una delegación de la ONU que se encontraba en la ciudad. “Los policías vinieron después a secuestrarme en mi casa y me torturaron durante tres semanas”, afirma. “Me ataban en una mesa y colocaban en mi boca, mis ojos y mi nariz un paño impregnado de un líquido que olía a lejía”. “También me daban patadas, me flagelaban con un cable eléctrico y fui además agredida por perros”.

Después fue trasladada a Qalaat Megouna, una de las cárceles secretas del reino de Hassan II. “Permanecí varios meses en un pasillo, sentada en un banco con los ojos tapados y vigilada por un cancerbero”. “Finalmente, me introdujeron en una celda minúscula con otras saharauis”.

Haidar pasó casi cuatro años encerrada sin ver a un abogado ni ser juzgada. Estaba desaparecida y algunos en su familia temían que hubiera muerto. Cuando fue liberada, en 1991, esta mujer de aspecto frágil y modales suaves estaba enferma. Padece hoy en día lesiones en la columna y una úlcera sangrante de las que es tratada en La Paz.

Esas dolencias no mermaron su determinación a luchar por la independencia de esa antigua colonia española. Para dedicarse de lleno a su causa optó por dejar de estudiar. Su deficiente formación se percibe aún en la escasa elaboración de su discurso. No renunció, sin embargo, a desarrollar una vida privada. Se casó y tuvo dos hijos, un niño y una niña, y se divorció. Los chavales, que ahora tienen 13 y 15 años, viven estos días con su abuela en El Aaiún.

“Es verdad que Aminatou he tenido terribles experiencias”, reconoce Eddah Larhdaf, un saharaui que dirige en El Aaiún la televisión local. “No ha conseguido superarlas”, añade. “Con su actitud se venga del pasado poniendo en peligro un porvenir del Sáhara que ya pinta bien”, concluye. “Pero si estamos volviendo a los tiempos de Hassan II”, replica Haidar.

Sus ademanes apacibles, su voz tenue, su sonrisa discreta esconden un lenguaje severo con el que fustiga al “ocupante” marroquí. A lo largo de los años su reivindicación ha evolucionado. Pasó de hacer hincapié en la independencia del territorio para poner ahora el énfasis en la defensa de los derechos humanos de los saharauis, “pisoteados” por Marruecos. Con tal propósito fundó CODESA, una asociación ilegal. Su vicepresidente, Alí Salem Tamek, está en la cárcel y será en breve juzgado por un tribunal militar acusado de “colaboración con el enemigo” tras visitar los campamentos de Tinduf en manos del Polisario. “Contando a Tamek, hay más de 40 presos políticos saharauis”, se indigna Haidar.

Su defensa de los derechos humanos va emparejada con un contundente rechazo de la violencia. De ahí que su primer apodo, el de La Pasionaria Saharaui, haya sido sustituido por el de La Ghandi Saharaui. De ahí también que haya ido ganando prestigio en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos. En Marruecos, en cambio, partidos políticos y prensa oficialistas la tachan de “traidora”. Hasta el ministro de Exteriores, Taieb Fassi Fihri, acaba de dar a entender que ha sido “reclutada” por Argelia.

Fue el propio Edward Kennedy el que impuso a Haidar, el año pasado, el Premio de Derechos Humanos que concede la Fundación Robert Kennedy. El mes pasado fue la Fundación Train la que le otorgó en Nueva York el galardón al Coraje Civil. Después viajó a Washington para reunirse con los asistentes decongresistas dedicados a la política exterior.

Les rogó encarecidamente que promuevan la ampliación del mandato de la MINURSO, el contingente de cascos azules desplegado en el Sáhara, para que pueda vigilar el respeto de los derechos. París y Madrid no son partidarios de que la MINURSO adquiera nuevas competencias.

En su discurso en Nueva York expresó el temor de “ser detenida” cuando regresase a El Aaiún o de que se le retirase su pasaporte para impedirle viajar. “La tercera opción, la de la expulsión decidida por Marruecos, no la había previsto”, reconoció, por teléfono, el pasado fin de semana al poco de llegar a Lanzarote. “Pero lo que nunca se me pasó por la cabeza es que España ayudaría a Marruecos reteniéndome en su territorio en contra de mi voluntad”. Por eso puso una denuncia en la comisaría del aeropuerto.

Reportage de Ignacio Cembrero, en El País.

22 de Noviembre de 2009

Unas cuatrocientas personas piden en Arrecife la vuelta al Sáhara de la activista, La voz de Lanzarote, 22 de Noviembre de 2009

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