Pedro Vidal

Estimado Sr. Saramago,

En el principio “solo” era la nada. Y dios, claro. Desde siempre. Desde el infinito. Desde la eternidad. Llegado un momento,(que no sé cómo pudo llegar desde el infinito, desde la eternidad), a dios se le encendió una lucecita, se esperezó y se dijo: “Voy a hacer el mundo”. Y a ello se puso con ahínco y frenesí. Con tanto afán que lo que no había hecho en toda una eternidad quedó realizado, qué digo, creado, en tan solo seis días. Como sacado de la chistera. Y claro, ante tan colosal esfuerzo y trabajo acabó tan agotado, (¿dios también se agota?), que, naturalmente, tuvo que descansar. Y en ello sigue. Por un momento me imaginé qué hubiera sucedido si se hubiera cansado en el quinto día y hubiera acabado ahí la creación, sin la especie humana. En tal caso dios se dedicaría, digo yo, a contemplar cómo las abejitas fabricaban la miel, como crecían las hierbas del campo y se las comían los conejitos, que a su vez eran comidos por los lobos, etc, etc, o a hablar con las serpientes, única especie provista de tal privilegio. Pero, entonces, ¿quién pensaría en él y le reconocería como su creador?, ¿un árbol?, ¿un pez?, ¿quizás un águila?, ¿tal vez un chimpancé? Pienso que más bien cada uno de ellos se dedicaría a lo suyo: alimentarse, crecer, defenderse, reproducirse para perpetuar la especie y finalmente morir. ¡Sin saber que dios existía!. En definitiva, sin la especie humana, dios no existe. O nada ni nadie sabría si dios existe. Si no, pregúntesele al gato. O al geranio. Llegados a este punto sobreviene la siguiente interrogante: ¿Dios ha creado al hombre o más bien el hombre se ha inventado a dios? En cualquier caso lo importante no es si dios existe o no, dado que el mundo va a continuar indiferente: seguirán existiendo ríos y montañas, niñas y flores, sabios, asesinos, pederastas, etc. Lo importante es que, entre los que afirman o creen que dios existe, hay algunos que antes de que nos demos cuenta, (pillines, pillines), se autoproclaman mensajeros, interpretes, representantes, portavoces, etc, etc, del poder divino y se montan el chiringuito. Y ¡ala!, a aterrorizar y amenazar a las buenas gentes con penas, castigos, sufrimientos, demonios e infiernos. Y mientras, ellos , a disfrutar de los placeres terrenales, que la vida es corta. ¡Frescos¡

Pedro Vidal

La Herrada, 29 de agosto de 2009

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