Entrevista de Pilar del Río ao jornal El Colombiano

Pilar del Río estuvo casada con el Nobel luso. Además de su traductora, hoy preside la Fundación José Saramago.

Decir que estuvo a la sombra de José Saramago es mentir descaradamente. Incluso, pecando de fantasioso, diría que don José, ese comunista hormonal, preferiría perder su sombra antes que perderla a ella. Hoy, como presidenta de la Fundación José Saramago, mantiene presente el legado del Nobel.

¿Qué tan vivo siente el pensamiento y la obra de José Saramago?
“Veo todos los días a lectores de Saramago con libros en las manos. Que el autor haya muerto no significa que de pronto todo deje de tener valor. La capacidad literaria de José Saramago , su forma de escribir y de respetar al lector se mantiene intacta. O no: tal vez el paso del tiempo nos haga ver a nosotros, los que quedamos, el peso abrumador y liberador de una obra que dignifica a quien la realizó y a quienes la leemos. A nadie nos deja indiferentes porque toca cuestiones fundamentales. Y con qué belleza escribe…” 

¿Cómo va el proyecto de 90 años, 90 palabras?
“Quisimos ofrecer al escritor José Saramago en su 90 cumpleaños un ramo no de flores, que se marchitan, sino de palabras. Lanzamos la idea en la red y recibimos muchas: se publicarán en la página de la Fundación 90, una cada día hasta el 16 de noviembre, y luego, ya en papel, haremos un librito que será nuestro regalo. Le ofrecemos palabras al autor que nos dejó tantas. Palabras que nos hicieron pensar y sentir”.

Fue usted la que le dio alas al blog de Saramago y es muy activa en Twitter, ¿qué ventajas les encuentra a los 140 caracteres de cara a la literatura?
“Cada uno se expresa como puede. Quien tiene una columna o un blog en un medio internacional, estupendo. La mayor parte de las personas tenemos necesidad de compartir y la red nos ha abierto posibilidades. Me parece un avance en la posibilidad de comunicación de los seres humanos. Y los 140 caracteres se sortean con habilidad cuando se tiene un poco de práctica. Twitter no tiene nada que ver con la literatura, salvo que nos rec

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