“Yo también conocí a José Saramago”, por Claudia Piñeiro, en Guadalajara

“Yo también conocí a José Saramago”, por Claudia Piñeiro, en Guadalajara

El 30 de noviembre se presentó en la FIL (Feria Internacional del Libro) de Guadalajara la novela inacabada de José Saramago, Alabardas, alabardas, Espingardas, espingardas. La escritora argentina Claudia Piñeiro preparó un texto que fue leído al final de la sesión – que también contó con las presencias de Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago, y Lydia Cacho, escritora mexicana. El su discurso, Claudia Piñeiro recordó a José Saramago y a los 43 estudiantes desaparecidos hace más de dos meses en Iguala, Guerrero. A seguir la íntegra de las palabras de la escritora que emocionaron a todos:

Yo también conocí a José Saramago 

Dice Roberto Saviano en Alabardas: “En Artur (Paz Semedo, el protagonista de la historia) las revelaciones que he visto son las de todos los hombres y mujeres que se han defendido de la idiotez al darse cuenta de haber comprendido los dos caminos que existen: quedarse aquí, soportando la vida, charlando con ironía, tratando de acumular algo de dinero y algo de familia y poco más o bien otra cosa. ¿Qué otra cosa? Sí, otra cosa precisamente. Otro camino. Estar dentro de las cosas. Dentro de Artur Paz Semedo está el meollo dorado de Ensayo sobre la ceguera: “Siempre llega un momento en que no queda más remedio que arriesgarse”

Luego Saviano elige otras personas que podrían ser, Artur Paz Semedo, -personas a las que no les quedó más remedio que arriesgarse- y cuenta brevemente su historia.
Me tomo el atrevimiento de parafrasearlo y escribir a continuación la historia del Artur que yo conocí:

Yo también conocí a Artur Paz Semedo, no trabajaba en el departamento de facturación de armas ligeras y municiones de la empresa Belona S.A y no tenía una ex mujer pacifista. No vivía en Italia. Tampoco en Argentina. Probablemente nunca haya empuñado su arma. Ni mucho menos se le haya pasado por la cabeza la idea de disparar un solo tiro.

Pero yo también conocí a Artur Paz Semedo. Su nombre era Carlos Lorenzo, y también tenía otros 42 nombres. Su arma era la docencia, enseñar a campesinos. Un día Carlos Lorenzo junto a sus compañeros de la Escuela Normal Rural Isidoro Burgos tomaron un micro para protestar y pedir mejores condiciones de vida y estudio para ellos y sus familias campesinas, vivía en Ayotzinapa. Ayotzinapa , en lengua Nahuatl , significa tortuga. Y ese símbolo -una tortuga- es el de su escuela, donde el único requisito para ser admitido es ser pobre. Pero así como no sabemos qué habría encontrado Artur Paz Semedo en las profundidades del depósito de documentos de Belona S.A, tampoco sabremos que tan buen maestro habría sido Carlos Lorenzo. No sabemos de Artur porque la muerte se interpuso en la vida de José Saramago. Y no sabemos de Carlos Lorenzo porque la violencia se interpuso en la suya. Y digo la violencia y no la muerte porque con vida se lo llevaron y con vida lo queremos.

Y yo también conocí a Artur Paz Semedo. Su nombre era Meliton Ortega, y era padre de uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Su arma era la protesta y el amor por su hijo. Por eso marchó y marcha junto a otros padres y pide por su vida o por su cuerpo.

Yo también conocí a José Saramago, y su arma era la palabra, el compromiso y la coherencia. Y si estuviera vivo, hoy aquí, marcharía junto a esos padres. Aunque una ley de 1930 diga que un extranjero no puede manifestarse políticamente en México. Porque Saramago entendería que para luchar por lo que es justo y reclamar justicia ante crímenes aberrantes no hay extranjera posible ni nacionalidad que nos aleje.

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